El coaching está de “moda”, no cabe duda. Es una (“la”) profesión en alza. La Asociación Española de Coaching expidió en 2017 más de 100 certificaciones. Con la progresión que vengo observando, calculo que en dos años esa cifra se habrá triplicado.

En una década, más de la mitad de la población será Coach y en 20 años la cifra de Coaches certificados superará a la cifra de seres humanos.

En un futuro no muy lejano, no solo perros, gatos, caballos y otros animales domésticos serán Coaches: prácticamente todos los electrodomésticos del hogar, como la plancha, la batidora o el horno, y muchos elementos del mobiliario urbano, tales como las farolas y los semáforos, podrán ser capaces de realizar completos y complejos procesos de Coaching (certificados).

De hecho, en los siglos venideros no quedará prácticamente ninguna entidad en la tierra (montañas, ríos, volcanes, lagos, cordilleras) susceptible de dar o recibir Coaching.

El propio planeta tierra será Coach certificado y los demás planetas (los que todos conocemos pero también los que quedan por descubrir) también lo serán.

Todos los habitantes de la tierra estaremos inmersos en procesos de Coaching que estarán inmersos, a su vez, en procesos de Coaching que, en última instancia, formarán parte de un proceso de “Coaching Planetario” que a su vez formará parte de un infinito proceso de Coaching Universal.

Pero no sólo los seres vivos y las entidades físicas serán Coaches (certificados).

En el siglo XXIII los conceptos y las entidades intangibles, tales como el terror, los deja-vu, los rumores o el empoderamiento, podrán realizar procesos de Coaching a todo aquel que pudiera pagarlos (a propósito, cabe comentar aquí y ahora que se calcula que el propio dinero alcanzará el estatus superior de Coach Certificado por la Asociación Internacional de Coaching y Psicología a mediados del año 2.700).

Ante este panorama, es muy natural que os estéis preguntando ¿qué me habrá llevado a convertirse en Coach (certificado)? No hay una sola razón, si no varias

Caramba… ¡esto funciona!

¿Os ha gustado lo que acabáis de leer? Pues lo estoy escribiendo, con una sonrisa, en la terraza de un bar, y después de haber estado más de 15 años sin escribir algo divertido (y, lo que es más importante, sin escribir divirtiéndome). Y todo gracias a Fernando, mi Coach (certificado), al que he contratado para que me ayude con un objetivo muy concreto: desbloquearme y hacerme escribir para mi blog.

Y aquí estoy yo, escribiendo, y allí estáis vosotros, leyéndome.

Inicié un proceso de Coaching una vez que tuve terminada la web (la web por la que estás navegando ahora) porque, a pesar de haber escrito multitud de artículos en blogs comerciales de mis muy diversos clientes a lo largo de un década (posts para un despacho de abogados, para una empresa de venta de coches, para un gimnasio, para un restaurante, para una empresa de gestión de residuos -sí, en serio, artículos sobre gestión de residuos-, etc), a pesar de haber escrito mucho, no he sido capaz de hacerlo para mi mismo… hasta hoy. Y todo gracias al Coaching. Una mirada objetiva desde fuera, una visión sin viciar, el uso de ciertas herramientas por parte del Coach y… ¡voilá! se hace la magia (que no es tal pero lo parece) y de dentro del cliente sale la fuerza, el empuje, la convicción necesaria para cumplir un objetivo concreto (escribir y disfrutar a la vez, en mi caso).

Esta no es la primera vez que recibo Coaching. Y es que antes de ser Coach fui cliente. Cliente satisfecho, por cierto.

Entended que la causa de que haya tantos Coaches es precisamente porque el Coaching FUNCIONA. Yo lo he vivido y por eso es una de mis razones.

Es simple

Cuando una cosa funciona, si ésta es simple, tanto mejor. Una de las cosas que más me atraen de Coaching es su simplicidad, su clara orientación a un objetivo concreto y su limitación en el tiempo. En un proceso de Coaching, que dura entre seis y diez sesiones -no más- se trata un objetivo y se usan una serie de herramientas que tienen la misión de sacar la solución o el camino a seguir de dentro del propio cliente. El Coach no aconseja, prácticamente todo sale de la boca del cliente y toda la fuerza, la motivación, las razones, salen del mismo (en este link lo explico de forma más extensa).

Además, no se necesita nada más que dos sillas para hacer Coaching. Creedme, en un mundo tan complicado como el que nos ha tocado vivir, esta simplicidad es como un soplo de aire fresco para nuestras mentes.

Y no, NO es caro

Como promedio, un proceso de Coaching puede costarte entre 200 y 400 euros (y-todo-ello-pagado-en-cómodas-cuotas-de-50-euros). Y normalmente la gente no viene a hacer Coaching porque quiere cambiar… no se… de peinado (puede que en el s. XXIII sí, pero aún no estamos en ese punto). Los objetivos que se marcan mis clientes, sean a nivel particular como para su trabajo, son muchas veces ambiciosos y siempre, siempre, son importantes para su crecimiento personal o profesional.

Cambiar de rumbo profesional, llevarte mejor con tus compañeros, perder peso, gestionar el tiempo que pasas con tus hijos, tener más vida social, retomar hábitos saludables, terminar una tesis, buscar una subida de sueldo o controlar el stress ¿no son objetivos que bien valen el coste de un proceso?

Estas son tres de las razones por la que el mundo ha abrazado al Coaching, tres de las muchas razones por las que esta profesión sube como la espuma y está “de moda”. Probablemente no lleguemos a los extremos que he descrito en la introducción de este, “mi primer escrito con placer“ en 15 años, pero hay algo de lo que sí estoy seguro, el Coaching está aquí (no para quedarse) para integrarse en el día a día de las personas. Y yo estoy encantado de formar parte de ello.

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